domingo, 24 de marzo de 2019

HABLAR CON DIOS

HABLAR CON DIOS

Salvador Cortés Pedraza


Hablar con Dios, siempre es orar. Siendo esto así, debemos guardar el necesario cuidado cuando, con el Señor, hablamos. Por  causa de una falta de respeto vamos a cometer un  pecado, que, fácilmente podríamos evitar, con solo  tener en cuenta, la majestad del Creador.
Yo me maravillo ante el desconocimiento que a este respecto se ven en las congregaciones, porque, si en las congregaciones andamos con semejantes errores, qué no será cuando estamos en la calle.
La oración perfecta no debe nacer de nuestro cerebro, sino de nuestro corazón, porque nuestro cerebro es capaz de buscar palabras bonitas y biensonantes para decorar nuestro hablar, mas esta posibilidad o facultad, no la tiene el corazón.
Oramos demasiado con la cabeza y poco con el corazón. Con la cabeza incluso podemos aprender palabras que realmente no entendemos y decirlas sin el menor impedimento por parte de nuestro corazón. Esto no ocurrirá de ninguna manera, si el Espíritu habita en él. Buscar a Dios es uno de los mandamientos de Dios; el primero, dice  también la Palabra. Debemos tener conciencia de que hablamos con nuestro Creador y, si no entendemos lo que decimos, no debemos decirlo. Dios también tiene en cuenta la atención y empeño por no ofenderle que pone la persona que se dirige a Él.
Algunos se parapetan tras su propia ignorancia para autoaprobarse, pero Dios no les va a justificar. Queremos ser obreros del Señor para trabajar sin adiestramiento. Queremos ser soldados de Dios sin hacer instrucción, mientras que para el mundo nos preparamos concienzudamente. He visto ha muchos justificarse y justificar a los demás, como si lo que debiéramos saber fuera tan difícil; pero si lo miramos bien, es algo casi natural, algo que lo saben hasta las plantas. 

Una mañana recibo una llamada: un hermano me llama para decirme que no podría venir al culto, había muerto su perrita y debía arreglar el asunto del sepelio o incineración del animal. Mi esposa, una persona, que apenas tiene cultura, se sorprendió y disgustó un poco. Yo, que soy capaz de escribir esto, valoré la pena que mis hermanos tendrían, porque sabía que amaban mucho a su perrita y les dije que no pasaba nada y que me hacía cargo de su problema. Sin embargo, la sorpresa de mi esposa, me hizo recapacitar y llevarme a sentirme mal. Por supuesto que pedí perdón al Señor, porque si no lo hago el pecado habría sido doble. Lo que se necesita saber para entender la importancia del Creador, nada tiene con las matemáticas, ni con la historia ni con el saber escribir o no. En el conocimiento de Dios no debemos ponernos metas: Dios añade según nuestros deseos, pero Dios añade lo necesario y sabemos que, el mucho saber, no es precisamente, algo eximente, sino todo lo contrario.  
También al ser preguntado por otro hermano al ver que faltaba el herma-no. Yo le dije lo ocurrido. Él se sonrió y, yo le pregunté.   ¿Por qué sonríes? Él solo me dijo: “Deja que los muertos encierren a los muertos”. Mi sorpresa fue mayúscula, porque yo sabía que aquel hermano no tenía nada de cultura, ni siquiera lo elegíamos para orar, porque en público se atragantaba y no podía decir nada. Él nos había pedido que no le sacásemos porque pasaba mucha vergüenza al quedarse sin saber qué decir. Sin embargo, el gozo para mí, fue extraordinario, porque ambos se habían dado cuenta de que Dios les parecía más importante que todo lo que nos rodea; aunque se trate del ser más querido, Dios debe estar por encima de él. Este conocimiento es el que nos lleva a aprender que cuando le decimos a Dios que es Omnisciente, sepamos lo que estamos diciendo.
¡Hoy estamos tan distraídos! ¡Son tantas cosa a nuestro alrededor que nos entretiene! Tenemos poco tiempo para mirar retrospectivamente, mirar nuestro interior, que olvidamos que es una mansión que debe estar dispuesta para ser habitada por Aquel que todo lo controla.   


sábado, 2 de marzo de 2019

LA PREDICACIÓN MÁS GLORIOSA: EL EJEMPLO.

LA PREDICACIÓN MÁS GLORIOSA
“EL EJEMPLO”
Salvador Cortés Pedraza
Tito 2:2 Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

Esta es la clave: debemos enseñar (lo que está de acuerdo) con la sana doctrina. No nos está diciendo Pablo que nos sujetemos a la letra, como muchos dan a entender, sino al fundamento, que es mucho más extensivo que la misma letra. Por eso la Palabra de Dios nos dice (lo que está de acuerdo) Se nos presenta un maravilloso campo donde podemos hacer que la Palabra de Dios fluya como el glorioso manantial de sabiduría que es.

Santiago 2:18 Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras.»

¿Cómo podremos predicar la sana doctrina, si no entendemos qué son las obras? Las obras pueden ser de tres clases:
1.   Buenas
2.   Malas
3.   Regulares  o coyunturales.

       1  Las obras buenas, muestran la benignidad de la persona y estas pueden edificar y honrar a nuestra familia, amigos, nación o pueblo. Pero por encima de todo, debemos honrar a Dios con ellas. Son buenas, estas obras,  porque a cada uno de ellos les añade bien. Pero los hijos de Dios debemos saber que toda obra aparentemente buena, puede que no sea todo lo buena que debiera o que nos parezca. Por eso todos debemos hacerlo buscando de antemano la bendición de Dios. Esto no significa dejarse aconsejar por esta u otra persona que creamos capacitada, sino que debemos hacerlo contrastando con la Palabra  lo que vamos a hacer; no lo que hicimos, sino lo que haremos. Las buenas obras para el cristiano no deben referirse a acciones puntuales, sino a un criterio, a una cualidad, una actitud perpetua. Una obra buena con otras malas se convierte en mala, por eso el pecado, que es la mala obra todo lo pudre y corrompe. Ya sabéis mis hermanos; ayudar a una persona en un momento determinado o a ti mismo, es bueno si es algo que lo haces siempre porque tu disposición es para hacer el bien en todo momento. Ya hemos hablado de las obras buenas y de las malas por ende. Ahora hablemos de las regulares o coyunturales:
        De estas, aunque ya las hemos incluido en lo anterior, debemos hablar con detenimiento. Estas son las obras que a más gente lleva a la condenación. Estas obras, para muchos, sirven de justificación. Ellas también facilitan el gloriarse ante los demás. Pero lo más peligroso es, que nos crea una situación placentera del deber cumplido. Por lo general, así proceden los muertos en sus pecados.   

       Santiago 2:26 Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, también la fe sin obras, está muerta.

Se ha perdido mucho tiempo discutiendo sobre las obras y muchos ni quieren oír hablar del tema, pero es necesario hablarlo, porque, yo tengo para mí, que realmente no entendemos muy bien este concepto de las obras. Nuestro cerebro piensa y, nuestros pensamientos, pueden quedarse parados y encerrados en nuestro cerebro, o, ser transformados por nosotros mismos en obras; estas son hechos. Pero tanto los que quedan en nuestro cerebro, como los que se convierten en obras, pueden ser pecados. Sabemos que los pecados son motivados de dos maneras diferentes de actuar: por acción o por omisión.  

Santiago 4:17 El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado.

Por acción ya sabemos por qué: hemos hecho el mal
Por omisión también lo sabemos: pudimos hacer el bien y no lo hicimos.

Algunos psicólogos y otros estudiosos del comportamiento humano, declaran que, la noción de pecado, es coactiva y por tanto limitante al desarrollo de la personalidad; pero olvidan, que dicha noción, desde el principio ya estaba introducida en el gen humano. Solo bastaría un cambio de nombre: Pecado= Mal o maldad. Porque es solamente eso el pecado y también, dolor, sufrimiento, carga, desesperanza, soledad, aflicción, odio, etc.
  
Imaginemos que la vida es un castillo de piezas que vamos construyendo. Las piezas han de ser de calidad (buena) y vamos edificando nuestras vidas con decisión y gozo, porque lo creemos un deber, y, de pronto colocamos una pieza defectuosa. El castillo se nos cae a plomo y se crea un caos difícil de reconstruir. Pensemos que muchas piezas se han roto por causa de la pieza mala que hemos puesto.

Muchos se toman a broma esto del pecado. Pero la vida nos la ha dado Dios y a nosotros nos ha capacitado o nos puede capacitar para que la vayamos edificando de manera que no la destruyamos. No es Dios el que destruye nuestra vida, sino nosotros mismos.

Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén





Domingo, tres de marzo, del 2019

domingo, 3 de febrero de 2019

EL JUZGAR A LOS DEMÁS

EL JUZGAR A LOS DEMÁS
Mateo 7:1—6
Salvador Cortés Pedraza

1No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Muchos de los que nos dedicamos a predicar la Palabra de Dios, no llegamos a comprender el verdadero alcance de estas palabras de Jesús. A veces en nuestros intentos de combatir el pecado recurrimos a la crítica hacia los pecadores y deberíamos mirar si esto no nos mete de lleno en el pecado. Vemos que Cristo no tiene miramientos con los que critican y les dice.

1.   No juzguen, no critiquen v. 1
2.   El que critique será juzgado por ello v.
3.   El que critica no se examina así mismo v. 3
4.   El que critica se engaña así mismo v. 4
5.   El que critica es un hipócrita v. 5
6.   El que critica no merece el Evangelio. v. 6

¿Cómo afrontar el tema sin caer en la crítica?

Esto es posible si nosotros, como la Palabra dice, vamos contra el mismo pecado y no contra el pecador. Muchas veces nos parece que señalando al pecador vamos a tener más éxito que si lo hacemos señalando el pecado. Pero Jesús dice que los que critican a los demás serán juzgados por todos estos pecados, y lo hace de una forma enfática, tan enfática que se vale de ilustraciones deseando que todos lo entendiesen perfectamente. Jesús contundentemente expone la verdad acerca de los que critican, algo que a nosotros nos parece corriente en muchos casos, sobre todo, cuando las críticas son hacia los demás.  Pero según las palabras de Jesús el que critica tendrá que dar cuenta por su…  

·      Inconsistencia. (v. 2)
·      Auto-justificación (v. 3)
·      Ceguera espiritual y auto-engaño (v. 3)
·      Ausencia de caridad y amor. (v. 4)
·      Hipocresía (v. 5)
·      Abuso del Evangelio (v. 6)

2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

Jesús nos habla de juicio y de medida. Los juicios que conocemos son ellos muy diferentes entre sí;  hay juicios que se hacen para conocer la verdad y aplicar justicia y los hay que se hacen con intención preferente de condenar, lo que son llamados juicios sin misericordia y mucha malignidad. Los que actúen así, así serán juzgados.

En cuanto a la medida, esto se refiere a la proporción de amor que pongamos al juzgar. No es lo mismo juzgar con amor, que hacerlo con odio, aunque las dos maneras nos estén vetadas.   

3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

La vida del cristiano debe ser una vida de constante perfeccionamiento y nunca darnos por satisfechos. Es entonces cuando no nos vamos a dedicar a criticar a los demás. Más cuando nos sentimos perfectamente aprobados es cuando comenzamos a no vernos pecadores y a mirar la paja del ojo ajeno

6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Para algunos la predicación del Evangelio es locura. Algunas personas son insensibles, dadas a censurar, cínicas y orgullosas. Sus mentes están cerradas y “se conforman al siglo”. Estos ridiculizan y desprecian muchas veces de manera solapada. Estos se vuelven más y más antagonistas. Todo parece indicar que son incapaces de recibir la verdad y laboran con la suya propia. Cristo está diciendo que, con estas personas, no se debe compartir el Evangelio para que no nos despedacen al volverse contra nosotros. Cuando el creyente critica o comete otra clase de pecado el evangelio que presenta se ve oscuro, opaco y desagradable. Pero el Santo Evangelio, debe ser dulce, cálido y esperanzador, para los seres humanos. Es necesario seguir al Espíritu de Dios para conocer a los hombres. Nos tropezaremos con muchos que seguramente no permitirán que les hablemos de Cristo, pero no podrán evitar que lo mostremos en nosotros mismos. 

Oremos al Señor: Amado Padre. Tú que eres misericordioso y clemente; Dios de amor. No desvíes tu mirada y guíanos por el camino de la verdad y de la vida. Examínanos Señor, para que podamos ser castigados por ti Dios justo. No nos dejes caminar a nuestro albedrío porque, realmente, nada confiamos en nosotros mismos. Tú, Señor, que todo lo puedes, no nos dejes permanecer inactivos y capacítanos para que podamos cumplir esta Santa Misión que Tú nos has encomendado. Que nunca olvidemos que Tu precioso Hijo  subió a la cruz por nuestros pecados, para que en la cruz pudiésemos dejarlos y vivir cubiertos por tu gracia. Que no seamos simplemente oidores de tu Palabra, sino que nos sintamos comprometidos hacia todos los hombres que puedan oírla. Padre, bendícenos para ser dignos de ti. Ponemos este ruego en las preciosas manos de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.   



                                                                           30 de diciembre de 2018

LA ACTITUD QUE DIOS ESPERA DE AQUEL QUE ES CRITICADO

LA ACTITUD QUE DIOS ESPERA DE AQUEL QUE ES CRITICADO
Salvador Cortés Pedraza

Quiera Dios concedernos la gracia de guardarnos de ese mal tan vil de hablar mal de los demás. Velemos para no ser hallados incurriendo en este mal contra aquellos que son tan queridos para Él, y que tanto le ofende.

No hay un solo miembro del pueblo de Dios en el cual no podamos hallar algo bueno, con tal que lo busquemos de la manera correcta. Ocupémonos únicamente en lo bueno; detengámonos en lo bueno y procuremos fortalecerlo y desenvolverlo de todas las maneras posibles.

Por otro lado, si no hemos podido descubrir lo bueno en nuestro hermano y compañero de servicio, si nuestro ojo sólo ha logrado ver extravagancias, si no hemos logrado hallar la chispa de vida entre las cenizas, la piedra preciosa en medio de las impurezas; si sólo hemos visto lo que era de la naturaleza carnal, en ese caso corramos el velo del silencio sobre nuestro hermano, con amor y benevolencia, y hablemos de él solamente ante el trono de la gracia.

Asimismo, cuando nos toca estar en compañía de aquellos que dan rienda suelta a la perversa costumbre de hablar en contra de los hijos de Dios, si no logramos cambiar el curso de la conversación, LEVANTÉMONOS Y ABANDONEMOS ESE LUGAR, dando con ello testimonio contra lo que es tan aborrecible para Cristo. Jamás nos sentemos junto a un difamador para escucharlo.

Podemos estar seguros de que está haciendo la obra del diablo, e infligiendo un daño positivo a tres distintas personas: a sí mismo, a su oyente y al sujeto, que es blanco de sus censuras.

Hay algo de perfecta belleza en el modo en que Moisés se condujo en la escena ante nosotros (Números 12). Se mostró de veras un hombre manso, no solamente en el caso de Eldad y Meldad, sino también en el asunto más angustioso y delicado de Aarón y María.

En el primer caso, en vez de estar celoso de aquellos que fueron llamados a compartir su dignidad y responsabilidad, se regocija de la obra de ellos, y ruega para que todo el pueblo de Dios pueda poseer el mismo privilegio sagrado.

En el segundo caso, en vez de experimentar y guardar resentimiento contra su hermano y su hermana, estuvo bien dispuesto en seguida a tomar el lugar de intercesor: “Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado.”

No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumido su carne. Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora” (Números 12:11-13).

Aquí Moisés exhala el espíritu de su Señor, y ruega por los que hablaron tan agriamente contra él. Ésta era la victoria, la victoria de un hombre manso, la victoria de la gracia.

Un hombre que conoce su verdadero lugar ante Dios, es capaz de elevarse por encima de todos los males que se dicen de él; y no se aflige por éstos, sino únicamente por aquellos que los pronuncian.

Es capaz de perdonarlos. No es susceptible (picajoso) , no es tenaz (terco, tozudo, cabezón), ni ocupado en sí mismo. Sabe que nadie lo podrá colocar por debajo de lo que merezca, ante Dios; y, por tal motivo, si alguien habla contra él, puede inclinar la cabeza con mansedumbre y continuar su camino, encomendándose a sí mismo y su causa a Aquel “que juzga justamente” y que “pagará a cada uno conforme a sus obras” (1. ª Pedro 2:23; Romanos 2:6).

Tal es la verdadera dignidad. ¡Ojala que podamos comprenderla un poco mejor, y entonces no estaremos tan dispuestos a encendernos en ira cuando alguno crea que es lo justo hablar con descrédito de nosotros o de nuestra obra; al contrario,
bien podemos elevar nuestros corazones en ferviente oración por ellos, trayendo así bendición sobre ellos y sobre nuestras almas!


La llegada de los   hermanos amados a esta ciudad de Coín, nos ha servido de enseñanza práctica de parte del Señor, a recibir primeramente en amor, a curar las heridas que el camino nos dejó, a lavarle los pies a aquel que fue criticado, que quiere decir, a cubrirlo, a olvidar sus errores porque a quién mas le dolió fue a él; y que los fracasos, nuestros fracasos,  revelan dos cosas y en todos nosotros además: la voluntad de Dios y la manifiesta naturaleza caída de cada uno de nosotros que se manifiesta una y otra vez y esta naturaleza nuestra, busca gloriarse sin poder lograrlo nunca. Solo si somos cubiertos por la Gracia de Dios, podremos presentarnos santos ante El Santo.

EL ESPÍRITU SANTO

EL ESPÍRITU SANTO 
Capítulo 1º

Hemos visto que la Biblia revela que, el Espíritu santo es una persona, no una cosa. Lo llamamos Él, en lugar de “eso”. Al mismo tiempo, la Biblia también nos revela que el Espíritu Santo es una persona divina. Es Dios. En este estudio, vamos a firmar esto, una y otra vez.

Durante muchos siglos se sostenido una encarnizada batalla acerca de la divinidad de Jesús. En cada generación ha habido muchas personas empeñadas en reducir a Jesús a un mero ser humano.

La confesión de la iglesia ha enseñado que Cristo es el hombre—Dios; una persona con dos naturalezas, humana y divina. Y en el Concilio de Calcedonia; en el año 451 d.C. la iglesia declaró que Jesús era verdaderamente hombre (vere homo)  y verdaderamente Dios (vere deus).

En la Historia de la Iglesia, cuatro siglos han estado marcados por severos debates en cuanto a la deidad de Cristo. Estos fueron los siglos IV, V, XIX y XX.  Menciono esto porque, casualmente, estamos viviendo en uno de los siglos en que la deidad de Cristo se ha discutido más acaloradamente.

Un libro editado ocasionó toda una revolución entre los detractores de Cristo—como no podía ser de otra manera. El libro se llamó “El mito de Dios encarnado” y cuestionaba gravemente la deidad de Jesús.

Lamentablemente, el libro no fue escrito por alguien que se encontraba fuera de la iglesia, sino, más bien por respetados maestros de teología.

Los verdaderos cristianos, deberíamos considerar a los teólogos como funestos personajes cuando intentan clarificar o hallar la lógica o esencia de Dios, y es lo que siempre tratan. Porque sabemos que nos está vedado a los seres humanos, que solo podemos saber lo que Él nos ha permitido que sepamos.

Se ve a Cristo de diferentes maneras: como el más grande de los hombres, un profeta singular, el ejemplo supremo de la ética, un modelo de autenticidad existencial, un símbolo del espíritu revolucionario humano, un poder angélico, y hasta un hijo “adoptado” de Dios.

Todas estas designaciones, sin embargo, incluyen habitualmente, la idea de que Jesús es una criatura, un hombre o ángel creado por Dios.

Todos estos calificativos o enfoques implican la idea de que Cristo tuvo un principio en el espacio y el tiempo. Se niega su eternidad y coesencialidad  con Dios.

Algunas religiones modernas exaltan a la persona de Jesús en forma tal que este funciona como uno de los puntos centrales de su devoción religiosa pese al hecho de que lo vean como una criatura.

Tanto los mormones como los testigos de Jehová ven a Jesús como un ser creado, pero aún así le rinden una considerable devoción.

Si, semejante devoción, encierra una verdadera adoración, entonces, lamentablemente, debemos concluir que estas religiones son, en esencia, idólatras, pues, la idolatría es la adoración a alguien o algo fuera del Dios Eterno. Adorar a criaturas es idolatría.

El mormonismo puede insistir en que Jesús es el Creador del mundo, pero que, aún así, su acto de creación es posterior al m omento el que Él mismo, fue creado por Dios.

La idea es más o menos la siguiente: Dios creó a Jesús y luego Jesús creó el mundo. En este caso Jesús es tanto Creador como criatura.

Si Jesús no es Dios, entonces se deduce que el cristianismo ortodoxo es fundamentalmente herético.

Va en contra de la unicidad de Dios y adscribe adoración al Hijo y al Espíritu Santo, los cuales, no son divinos.

Si, por otra parte, el Hijo y el Espíritu santo, son verdaderamente divinos, entonces debemos concluir que los testigos de Jehová son falsos testigos de Jehová y que el mormonismo es una secta herética, no cristiana.

Aunque hay muchas iglesias llamadas cristianas denominacionales—demasiadas  en mi opinión—la mayoría de ellas reconocen a las otras, aunque no tengan comunión con ellas, como formas verdaderas aunque, imperfectas, de expresión cristiana.

Los baptistas, por lo general, consideran a los presbiterianos, como una expresión válida de la iglesia cristiana universal. Los presbiterianos reconocen que los luteranos son verdaderamente cristianos, pero los demás no.

Las diversas organizaciones cristianas suponen que aunque difieren de otras organizaciones, en algunos puntos doctrinales, esos puntos particulares, no son absolutamente esenciales para el cristianismo verdadero.

La causa de que la mayoría de los cristianos no reconozcan a los mormones y testigos de Jehová como iglesias cristianas es que la deidad de Jesús y el Espíritu Santo se consideran afirmaciones esenciales para el cristianismo que aparece en la Biblia.

Lo mismo podríamos decir del unitarismo (otro movimiento cristiano) que también niegan la deidad del Hijo y del Espíritu santo.

Mientras los debates en contra de la deidad de Cristo han sido tremendamente encarnizados, no lo han sido de igual manera, los que se han realizado contra el Espíritu santo.

La Biblia representa claramente al Espíritu Santo como poseedor de atributos divinos que ejerce autoridad divina, hasta el punto de que el siglo IV, aquellos que estaban de acuerdo en que el Espíritu santo era una persona, raramente han negado su deidad.

Es decir, aunque ha habido muchas disputas en relación con la pregunta de si el Espíritu es una persona o, por el contrario, una “fuerza impersonal”, una vez que se admite que se trata verdaderamente de una persona, el hecho de que sea una persona divina encaja fácilmente

Esto no resulta demasiado sorprendente; después de todo, el Espíritu nunca ha asumido forma humana, como hizo el Hijo, (no podía ser simplemente un ser humano), que es lo que muchos herejes dicen acerca de Jesucristo. Un espíritu debe ser obviamente, un ser espiritual.

En la Escritura encontramos una alusión frecuente a la deidad del Espíritu Santo. En el antiguo testamento, por ejemplo, lo que se dice de Dios, se dice también del Espíritu de Dios.

Las expresiones “Dios dijo” y “El Espíritu dijo”, se intercambian repetidamente.  Se dice que la actividad del Espíritu Santo es la actividad de Dios.

Los mismos fenómenos ocurren en el Nuevo Testamento. En Isaías 6:9, Dios habla y dice: “Ve, y di a este pueblo…”

El apóstol Pablo cita este texto en Hechos 28:25 y lo presenta diciendo: “Bien habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio de Isaías el profeta”. Vemos como el apóstol atribuye el hablar al Espíritu Santo.

Del mismo modo Pablo declara que los creyentes somos el Templo de Dios, porque el Espíritu Santo mora en nosotros. (Efesios 2:22, 1 Corintios 6:19, Romanos 8:9-10.

Si el Espíritu Santo mismo no es Dios ¿cómo podría ser correcto llamarnos Templo de Dios solo porque el Espíritu Santo mora en nosotros?

Podríamos decir respondiendo a esta pregunta que Dios ha enviado al Espíritu Santo y que, por tanto, Este representa a Dios, lo que significaría que Dios está allí donde es representado por alguno de sus instrumentos activos.

Pero esto sería jugar, irresponsablemente, con el significado del texto. En toda la Escritura, se identifica al Espíritu Santo como Dios mismo y no se le retrata meramente como un representante comisionado de Dios.

En Hechos 5: 3-4, leemos: —Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del producto de la venta de la heredad? 4 Reteniéndola, ¿no te quedaba a ti?, y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

Vemos aquí una mentira dirigida al Espíritu santo; una mentira dirigida a Dios mismo.

Cristo y los apóstoles describen repetidamente al Espíritu Santo como un ser que posee la perfección y los atributos divinos.

La blasfemia contra el Espíritu Santo se considera como el pecado imperdonable. Si el Espíritu santo no fuera Dios sería improbable que una ofensa a Él se considerase imperdonable.

El Espíritu Santo es Omnisciente. Él lo sabe todo. ¿No es este un atributo de Dios? La omnisciencia es una marca de la deidad, no de las criaturas, que están limitadas por el tiempo y el espacio.  Estos límites, imponen una restricción sobre el alcance del conocimiento que poseen.

Pablo declara en 1 Corintios 2:10-11: Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios, 11 porque ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

LA PERSISTENCIA DE NUESTRA INCREDULIDAD.

LA PERSISTENCIA DE NUESTRA INCREDULIDAD.

OH! Si levantáramos nuestra dirección correctamente en el sentido y a la Persona que debemos levantarla. Israel vuelve a enfrentarse con el líder espiritual Moisés y de esa manera se libra de enfrentar la realidad la cual es que seguimos duros de corazón y no nos importa lo que Dios ha hecho a lo largo del camino, nuestra incredulidad persiste.

Molestia en el mar Rojo, Éxodo 14:11-12 Y dijeron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta manera, sacándonos de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: "Déjanos, para que sirvamos a los egipcios"? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto.
Molestia en Mara Éxodo 15:24 Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos? y ahora…
Molestia en Sin Éxodo 16:2-3 Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. Y los hijos de Israel les decían: Ojalá hubiéramos muerto a manos del SEÑOR en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

¡PERO, DIOS SABE LO QUE HACE!

LA PRUEBA SIGUE SIENDO NECESARIA.

Éxodo 16:4 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, haré llover pan del cielo para vosotros; y el pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley.

Promesa: “…haré llover pan del cielo…”
Mandato: “…el pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día…”
Razón: “…para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley”.

Dios quiere que Su pueblo:
a. Observe la condición de su corazón.
b. Conozca Su camino y Su fidelidad.

En Mara fue con el agua y ahora con “pan del cielo” que les ayudó a calmar sus necesidades pero también los probó para que se dieran cuenta y nosotros también, que no es difícil tener las bendiciones de Dios, pero que debemos calificar para entrar a la Canaán celestial. El Maná satisfizo sus necesidades, pero quedó la necesidad del corazón sin ser satisfecha, no por el “pan del cielo” sino por la condición lamentable de ese corazón, condición que Dios quiere cambiar para que Su pueblo, aprendamos que la vida en el Espíritu es dar, dar y seguir dando, contrario a lo que el mundo cree, que es atesorar, atesorar y seguir atesorando.

El maná tomado con avaricia, se convertía en podredumbre por los gusanos y olía mal. Dios quiso y quiere que aprendamos que su bendición es suficiente y que cuando nos abunda, debemos compartir con quien está escaso. Con Dios siempre hay lo suficiente y fresco todas las mañanas.

EL PRINCIPIO DEL NUEVO TESTAMENTO ES... DAR Y COMPARTIR.
2Corintios 8:14-15 en el momento actual vuestra abundancia suple la necesidad de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra necesidad, de modo que haya igualdad. Como está escrito: EL QUE recogió MUCHO, NO TUVO DEMASIADO; Y EL QUE recogió POCO, NO TUVO ESCASEZ.

  Dios quiere llevar a Su pueblo a este punto. Que el pueblo aprenda a usar lo que Dios ha provisto para sus necesidades diarias y para hacer que el sobrante esté disponible para los que tienen necesidad. Ese es el pueblo que Dios quiere y por ello nos conduce por caminos donde tendremos “desiertos” para que como le dijo Juan el Bautista del Señor Jesucristo… “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” Juan 3:30
Si somos discípulos del Señor, debemos estar preparados para ABANDONARLO TODO. Y esto ha de suceder no porque algún líder espiritual lo ordene sino porque han descubierto que Hechos_20:35 En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Más bienaventurado es dar que recibir."

EL TRABAJO O LAS OBRAS

 EL TRABAJO O LAS OBRAS
SALVADOR CORTÉS PEDRAZA

                    Todo el mundo sabe lo que significa la palabra trabajo y muchos creen que el trabajo es la obra, pero no es así. El trabajo, es el esfuerzo realizado para lograr la obra. Siendo esto así, es muy importante la manera de planificar nuestro trabajo. Por lo general, ecepto raras excepciones, el resultado de la obra es consecuencia del trabajo realizado. Algunos llegaron a concluir que no era necesaria una preparación previa para realizar ciertos trabajos, pero nada más lejos de la verdad. Los que solemos a diario repasar las Escrituras sabemos que el Señor, a través de ella, nos exhorta a estar preparados y si bien esto no nos empuja a obtener una carrera universitaria, sí, a estar perfectamente ilustrados en el conocimiento de Dios, pues a Él nunca lo podremos apartar de nuestro trabajo. Basta hablar con un ignorante de Dios para saber que este, a menos que se preparase, jamás podría ser un vocero de Dios. Algunos, bastante después de haber declarado obedecer al Señor y de haberse bautizado, aún no se habían dado cuenta de que su misión era la de predicar el evangelio de la salvación, y preguntaban extrañados ¿Pero yo he de salir a predicar? En fin, es sólo un ejemplo, porque hay más.

2:14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

Sabemos que el que no tiene fe no puede salvarse. Pero muchos se quedan ahí, incapaces de seguir adelante; es como un miedo a nombrar las obras, porque estas no anulan la gracia; es más, es imposible la fe sin obras, por eso el apóstol Santiago, la llama “fe muerta”. Pero… ¿es fe salvadora la fe muerta? Mi respuesta es contundente: Dios no es un payaso, no juega con los seres humanos, de manera que los que queramos ser salvos habremos de procurar que nuestra fe  sea una fe viva. Naturalmente que no valen las obras sin la fe, pues hasta el diablo las hace, pero la fe sin obras, si lo analizamos profundamente, es peor que las obras sin fe, ya que la ausencia de fe se puede deber a múltiples motivos, y la fe sin obras, solo a uno; a falsedad.

El Señor Jesús, pudo no haber hecho nada, sin embargo nos dejo todo un ejemplo y el ejemplo que dio, le sirvió para base a sus palabras. Los hombres no entendemos de otra manera. Los hombres están cansados de que se les diga que hay que ser buenos
2:15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 2:16 y alguno de vosotros les dice: id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
Si alguna vez veis esto que dice nuestro hermano Santiago, ocurrir en vosotros, arrepentíos rápidamente, porque el que tal cosa haga, comete un pecado terrible. Y si te preguntas: ¿Tengo yo, acaso la responsabilidad de dar abrigo a mi hermano? La respuesta es, sí. Y no solo a tu hermano, sino a tu prójimo. Muchos fueron a Cristo buscando sensaciones: a veces hasta sabiendo que es arriesgado en determinados lugares y momentos, pero creen necesitar eso y eso hacen, pero ya lo ven de otra forma cuando se dan cuenta que hay muchos que le necesitan a él. Otros, en vista de lo visto en tantas ocasiones desconfían de este tipo moderno de ayudas globalizadas. Hay datos en la palabra de Dios acerca de que muchos vendían lo que tenían y lo ponían a los pies de los apóstoles, pero aún eso es necesario analizarlo bien. Porque yo no digo que si ves a un hermano que necesita abrigo, no les des el abrigo, pero según están hoy las cosas, a menos que se trate de un hombre sin hijos, sin esposa, sin padres. Quizá solo pueda darle el abrigo, pero nunca vender todo lo que tiene, y sencillamente, creo que el Señor Jesús nunca nos dictó esa norma. Hoy el que tal cosa haga, teniendo familia, se transformaría en una gran piedra de tropiezo, para aquellos que estuvieran dudando en si aceptar a Cristo o no. Aquí no se trata de eso, mucho menos después de haber visto tanto engaño; aquí se trata de ser generoso en la justa medida. El hombre generoso siempre encuentra la ocasión de serlo, pero ha de ser la voluntad la base de su generosidad y no otra cosa. Un ejemplo de lo que digo sería: tengo una casa y dos hijos y cuatro nietos. Si vendo mi casa y doy el dinero me quedo en la calle, pero es que, parte de esa casa es de mis hijos, que ni siquiera son creyentes y hasta mis nietos sufrirían mi despropósito. Creo que no me lo perdonarían nunca. Pero eso no quita que mi vida esté llena de muestras de generosidad. El Señor Jesús nos quiso dar un ejemplo de que no había que tener tanto apego a las riquezas, pero solo a uno le dijo: vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme, solo a uno. Más importante sería para el cristiano que procurara que todo lo que tiene sea de buena procedencia, o sea ganado honradamente, sin haber echado mano a ningún tipo de engaño para conseguirlo, pues es sabido que las necesidades de unos, la mayoría de las veces, se deben a los engaños de otros; que muchas veces, se han bendecido desde los púlpitos.     
2:17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Y muchos dicen que aceptando a Cristo como su Salvador, no han de hacer nada más; con lo cual, se quedan parados, y hablé con muchos que alegan que Cristo ya perdonó sus pecados; incluso los que haya de cometer y se quedan tan panchos, y así vemos a miles de “cristianos” que cruzan las fronteras de España y se viene a practicar lo que se ha dado en llamar: turismo de sexo. Y los que los reciben son “cristianos”, y todos ellos piensan que, o  porque fuero cubiertos por la gracia o porque después les dirán unas cuantas  misas, irán, como nosotros, a la gloria. Algunos ni siquiera creen que la gloria exista. Luego el domingo les ves en las misas o en los cultos, para después volver a lo mismo. Nos encontramos con el estado llamado el centro del protestantismo; Suiza: para todos, paraíso fiscal. Paraíso fiscal es sinónimo a cueva de ladrones. Allí está la razón del hambre de muchos países. En España se descomulgaron a muchos, en el tiempo que muchos comulgaban, sin embargo, nunca se descomulgó a un especulador corrupto, a la actriz que enseñaba el pecho y la nalga, sí, o al que se salía del tiesto; como se suele decir, pero nada más, las iglesias han sido generosas sin medida en inmerecidas bendiciones. Y todo eso son obras, pero malas.

2:19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
Aquí lo tenemos muy claro: Creer en Dios no es suficiente. Es necesario obedecer a Dios. Esto nos abre un extenso abanico de ineludibles obras. Imposible poder evitar sentirnos volcados hacia los que nos necesitan de una manera o de otra, porque hemos de saber que,  es más importante evitar, si podemos, que los demás tengan necesidades, que propiciárselas y después aparentar ayudarles. Esto lo digo, para los que deseen ser cristianos de verdad. 
2:21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
Y, qué obra. El Señor le pidió a Abraham una cosa tremenda, una locura, para un padre que solo tenía un hijo; como si hubiera tenido más; matar a un hijo es un acto execrable. Solo una persona con el cerebro enfermo de locura, puede obedecer tal mandato hoy. Pero Abraham confió en Dios, porque uno de los pilares del amor para el hombre, es la confianza, y ésta, a la vez, de la obediencia. De tal manera que la obediencia es el único pilar que nos sostiene a Dios. Han sido siglos los empleados en debatir si gracia o si obras, pero ya es momento de rendirnos a obedecer. La conclusión de los tiempos no está lejos, pues todas las señales del tiempo, están ante nuestros ojos.

2:22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?
     Es evidente que muchos, alejados de Dios, hacen buenas obras, ¿creéis que no le serán contadas? Nosotros hacemos las obras en obediencia a Dios para nuestra edificación espiritual, y también para la edificación de la Iglesia, por medio del testimonio que damos. Pero hemos de entender que las obras solo no bastan, pues sin obras no hay obediencia, ni testimonio, ni crecimiento y sin esto, nadie se salvará. Quítesenos de la cabeza de que obras solo son ayudas a los demás. Obras son decir la verdad, obra es amar a Dios, obra es mantener una comunión fraternal con los hermanos, obra es amar a tu prójimo, obra es crecer en el conocimiento de Dios. Obra es cumplir la ley. Obra es predicar a Cristo y todas estas cosas son se mucha más trasparencia.
2:25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?
¿Veis? Una ramera, mujer pecadora hizo una obra buena a los ojos de Dios y por ello fue justificada. Pero nosotros sabemos que ser justificados por Dios, por algunos actos no nos hace salvos, como tampoco podemos decir que la persona que haya cometido algún tipo de pecado, va a ser condenada sin más, pues entonces no sería necesario el juicio, donde los abogados están para abogar por los acusados, y sabemos que Abogado tenemos, tanto para acusarnos como para defendernos.     

2:26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
        La muerte es lo contrario a la vida, de manera que todo aquel que esté como muerto en la realización de las obras que fundamenta la obediencia a Dios, está próximo a heder. Es un cadáver, para Dios; que puede resucitar, sí, pero mientras tal cosa no ocurra, está muerto para Dios. Muchos escudriñaron las Escrituras, tal como Dios nos ordena, pero muchos se equivocaron en sus interpretaciones, porque o estas sacaron a la luz normas  que  fueron demasiado  duras para su cumplimiento; y por tanto, causa de dolor e injusticias innecesarias a todas luces, o,  demasiado exculpatorias, llegándose con ambas, a la locura que hoy vemos. Muchas prostitutas fueron atravesadas con la cruz y homosexuales y brujas y herejes, cuando el verdadero cristiano, solo debe decirles: Iros y no pequéis más, porque yo no te condeno.  Y existen muchos predicadores que todos estos errores, los pasan por alto, para no inquietar a los oyentes y nadie se atreve a decirle al rey que cuando traspasa el umbral del Reino, de la Iglesia, ya no es rey, sino uno más, porque tenemos otro Rey. Sin embargo, permitimos que se crean en el derecho de estar en los lugares preferentes y la mayoría de las veces, se prohíbe la entrada a muchos, que no se tienen como dignos, con lo cual se olvidan de aquello de la accesión de personas. Esto lo leen todos los que lo leen, y los que se tienen por más, se ríen de las ocurrencias de Jesús, y se glorían de todos los que desobedecen a Jesús, brindándoles los primeros puestos. Otros muchos dicen: Si lo hacen estos que dirigen las iglesias. Pues yo os digo que ser rey y entrar en la iglesia y sentarse entre los demás; pobres, quizá  ramera, es una brillante obra. Y lo del rey es solo un ejemplo, para todos aquellos que siendo o sintiéndose cristianos, se sienten reyes.                                                
          Pero si a los que están arriba o en eminencia, les hemos de alentar a la humildad, esto, no crean los que se sientan abajo, que no va con ellos de la misma manera, aquí no se escapa nadie. Los mandamientos de Dios, son para todos, incluidos los que no son de Dios, pues el juicio será para todos.

          Las obras, de ninguna manera pueden hacerse cumplir, pues éstas, carecerían de valor ante Dios. Serían obras vanas. Esto, no se entendió por causa de la maldad, obligando a las personas a todo tipo de obras que no deseaban hacer. Y si, desde el punto de vista de los gobernantes, para los cristianos, lo que esta mandado hay que hacerlo, siempre que no contradiga lo ordenado por Dios, lo que está ordenado por Dios, nadie puede obligarnos a cumplirlo, si no es ese nuestro deseo, pues sería en vano para el cumplidor y condenación para el impositor.